El honey blanco retira casi todo el mucílago antes del secado: normalmente deja solo entre un 10 y un 25 %.
Qué consigue
Una taza muy cercana a la de un lavado completo: limpia, viva, con acidez definida. La poca capa que queda añade algo de dulzura y de cuerpo sin la intensidad frutal de un honey rojo o negro.
Por qué elegirlo
Por el riesgo. Menos azúcar sobre el grano significa un secado más rápido y muchas menos posibilidades de moho o de fermentación descontrolada. Para un productor que empieza con el proceso honey, el blanco es por donde se empieza.
Por lo previsible que es. Se comporta casi igual que un café lavado.
Dónde encaja
Si le gusta el café lavado y quiere un poco más de dulzura, el honey blanco es el paso natural. Si lo que busca es fruta, vaya al rojo o al negro.
Los grados
Blanco, amarillo, rojo, negro: más mucílago, más tiempo de secado, más fruta, más riesgo.
Cómo prepararlo
Filtro, tueste claro, una cafetera limpia. Trátelo como un café lavado.