Jimma, en el oeste de Etiopía, produce más café que ninguna otra zona del país y ha tenido históricamente la peor reputación.
Por qué
Buena parte de la cosecha de Jimma se secaba al sol sobre el suelo desnudo, en manos de pequeños productores sin infraestructura de lavado, y acababa vendida a granel y diluida en mezclas. Los defectos eran habituales y la trazabilidad, inexistente.
El perfil
Terroso y especiado, con cuerpo y poca acidez: más cerca de un café indonesio que de un Yirgacheffe. El Jimma lavado y bien procesado es más limpio y muestra cítricos y notas florales.
Qué ha cambiado
En los últimos quince años han llegado los beneficios húmedos, las camas africanas de secado y la organización en cooperativas, y hoy hay lotes trazables de Jimma que llegan a tostadores de especialidad.
La conexión con el bosque
Jimma linda con los bosques de Kaffa, donde se originó el arábica, y parte de su café es genuinamente semiforestal: árboles silvestres bajo dosel natural.
Relación calidad-precio
Como la reputación va por detrás de la mejora real, un buen Jimma suele costar menos que un Sidama o un Guji equivalentes.
Cómo prepararlo
Inmersión o filtro con tueste medio. Los naturales van bien en prensa francesa; los lavados, en cono.