Achille Gaggia patentó la máquina de espresso de palanca que produjo la primera crema, lo que basta para sostener que inventó el espresso tal y como cualquiera lo entiende hoy. La empresa actual es mucho menos romántica, y sigue fabricando un producto de verdad importante.
La Classic es la única máquina de su precio con portafiltro profesional completo de 58 mm, cestillos no presurizados en la caja, cuerpo de acero inoxidable y electroválvula de tres vías. Cincuenta y ocho milímetros no es una especificación, es un ecosistema: cada cestillo de precisión, cada portafiltro sin fondo, cada tamper calibrado y cada malla para la pastilla de café fabricados en treinta años encajan en el suyo. Las máquinas con medidas propietarias le venden un catálogo; esta le vende un mercado.
Lo que pierde es comodidad. No hay lectura de temperatura, así que usted aprende el ritmo de la máquina: purgar, esperar, extraer. La caldera es pequeña, así que una cena con invitados exige paciencia. Y no rescatará a un mal molinillo: con cestillos no presurizados, el trabajo lo hace la molienda.
Su otra virtud solo aparece en el décimo año. Cada pieza está documentada, en stock y es barata, y las Classic de quince años se reparan en lugar de sustituirse. Es lo más parecido que hay en el café doméstico a una máquina que se compra una sola vez.