Una receta de agua parte de agua destilada o de ósmosis inversa —que prácticamente no lleva nada— y le devuelve un contenido mineral medido.
Por qué molestarse
El agua del grifo es la que le sirva su compañía, varía con la estación y rara vez está en el rango ideal para el café. Una receta elimina esa variable por completo y le permite preparar con la misma agua en Lisboa y en Múnich.
Cómo funciona
Lo habitual son dos concentrados: uno que aporta magnesio y calcio (dureza) y otro que aporta bicarbonato (tampón). Se dosifica cada uno en un volumen conocido de agua destilada.
Los sobres comerciales —Third Wave Water, Lotus, Aquacode y otros— hacen lo mismo ya medido.
Qué cambia
En café de filtro de tueste claro, se nota con claridad: acidez más definida, más separación, más dulzor. Por eso los baristas de competición usan todos recetas.
En espresso con leche, muy poco. La leche lo tapa.
Los costes
Dinero. Agua destilada más concentrados sale más caro que una jarra filtrante.
Esfuerzo. Cada preparación necesita agua hecha a mano.
No sirve para máquinas con sensores. Algunas máquinas de espresso detectan el agua por conductividad y no reconocen un agua tan pura. Compruébelo antes de lanzarse.
El punto de partida honesto
Filtre primero el agua del grifo y averigüe su dureza: en España se mide en grados franceses (°fH), y 1 °fH equivale a 10 ppm de carbonato de calcio.
Si está en el rango útil, una receta le compra refinamiento. Si su agua es extrema en cualquiera de los dos sentidos, le compra un arreglo de verdad.
Última revisión: 9 de agosto de 2026